¿Cómo saber cuál es la mejor moringa?

La moringa oleifera, también conocida como árbol milagro, es una planta originaria del norte de la India, donde se descubrió alrededor del año 2,000 a.C., y crece en zonas tropicales y subtropicales. En el mundo existen 13 tipos de moringa, provenientes de la familia moringaceae, pero no todas cuentan con las propiedades que la moringa oleifera (considerada un SUPERALIMENTO), la más popular y cultivada de su familia. De hecho, más de 700 estudios indican que sus envidiables altos contenidos de proteínas, 93 nutrientes, vitaminas, minerales, 46 antioxidantes, grasas omega y 18 aminoácidos esenciales y no esenciales ayudan a prevenir más de 300 enfermedades y que varias partes de la planta –como sus hojas, raíces, semillas, corteza, flores y vainas verdes– favorecen al corazón y la circulación así como activos antitumorales, antipiréticos, antiepilépticos, antiinflamatorios, , antixoidantes, antiulcerosos, antiespamódicos, diuréticos, antihipertensivos, antidiabéticos, antibacteriales y antifúngicos que también protegen al hígado y ayudan a disminuir los niveles de colesterol.
La moringa es una planta provechosa que ofrece este amplio listado de beneficios, sin embargo, su reciente auge ha provocado que ciertos productores la cultiven y comercialicen bajo estándares que comienzan a salirse de lo natural y se alejan del principal objetivo: cuidar la salud, nutrir y prevenir enfermedades. Por eso, debemos aprender a distinguir los productos de moringa oleifera; los orgánicos de los industrializados, ya que una elección poco informada podría llevarnos a pensar que esta maravillosa planta no es tan beneficiosa como parece.
Volver a lo tradicional: moringa oleifera orgánica
Solo los productores responsables se preocupan por observar el proceso desde la siembra de la semilla hasta el envasado del producto para que se cumpla como se debe. No es secreto que la fabricación de productos orgánicos conlleva costos más altos, pero existen productores que, en el ánimo de compartir lo mejor de sus productos, balancean estos precios para no afectar al consumidor, incluso, llegando a ser más competitivos que los de otros productos deficientes.
El cultivo de la moringa oleifera orgánica es un proceso delicado y principalmente artesanal. Comienza desde la tierra, eligiendo las regiones que resultan ideales por sus condiciones climatológicas para el crecimiento de la moringa, y preparando el terreno con herbicidas naturales que se encargan de eliminar la maleza sin infectarlo. Las semillas se siembran y los brotes de estas se vigilan, cuidan y dejan crecer. A diferencia de los industriales, en caso de plagas los productores orgánicos no recurren a los plaguicidas tóxicos que la mayoría busca por ser más baratos, optan por plaguicidas naturales que acaban con los insectos sin dejar residuos que perjudiquen al ser humano.
La diferencia entre los herbicidas y plaguicidas químicos y los orgánicos es que, además de la obvia toxicidad de los primeros, estos reducen los valores nutrimentales de las plantas. Estudios generados desde hace décadas encuentran una clara relación entre la reducción de la cantidad de minerales y los cultivos expuestos a herbicidas, fertilizantes y plaguicidas químicos. Por ejemplo, con el uso de fertilizantes naturales se notó una diferencia de hasta 27 % más en vitamina C, más 21.1 % en hierro, más 29.3 % en magnesio y más 13.6 % en fósforo contra cultivos no orgánicos. También, en una investigación realizada en calabazas, zanahorias, papas, lechuga y espinacas, al elegir pesticidas químicos se observó una diferencia de 21 miligramos en vitamina C, .7 miligramos en hierro, 11 miligramos en magnesio y 12 miligramos en fósforo, siendo siempre los vegetales orgánicos los de mayor valor.
Por si no fuera poco, quienes usan herbicidas y plaguicidas químicos buscan manipular con estas y otras sustancias los efectos que causan en los seres humanos. Un estudio presentado en 1972 informó que se emplearon herbicidas químicos para incrementar la cantidad de proteínas en los cultivos y, aunque lo consiguieron en cantidad, no lo hicieron en calidad pues no aportaban ningún valor nutricional adicional. Tampoco omitiremos que hoy en día se experimenta con todo tipo de vegetales, exponiéndolos a sustancias que aumentan su volumen y les dan mejor apariencia pero su valor nutrimental es mínimo.
Luego de procurar el crecimiento natural de la moringa oleifera, cuando las hojas de la planta alcanzan la madurez y su punto máximo en bondades (a dos o tres meses de la siembra), la planta es recolectada a mano de la finca, cortando alrededor del árbol y aplicando un sellador orgánico especial en cada corte para que este no sea atacado por hongos o bacterias. Se coloca en piletas para pasar por un lavado con agua y sustancias naturales con propiedades desinfectantes libres de cloro (o peor, la plata coloidal) ya que numerosas investigaciones indican que su consumo a mediano y largo plazo puede favorecer al desarrollo de asma y cáncer.
Con la información anterior se puede deducir que la actual popularidad de las granjas orgánicas no responde a un simple capricho o a una moda sino a una necesidad real y creciente de regresar a lo original para ayudar a mantener la salud y verdaderamente recibir lo mejor de la madre naturaleza. Por fortuna aún existen personas interesadas en hacer las cosas como nuestros ancestros lo hacían: al natural, y le dan la espalda a las prácticas que involucran químicos.
Secado de la moringa oleifera
Tras el lavado y desinfección de la moringa se decide cómo secar la cosecha. Este punto es muy importante debido a que puede haber quienes realicen todos los pasos de siembra y cuidados de la mejor forma, pero una mala elección en el método de secado puede arruinar todo el esfuerzo. Por ejemplo, hay productores que prefieren el secado bajo el sol, que es, sin lugar a dudas, más rápido (lo que les permite producir más en menor tiempo) pero este procedimiento hace que la moringa se torne amarilla o café, característica que indica que gran parte de los nutrientes se han perdido por la acción de los rayos ultravioleta del sol, por lo que, al final, el consumidor recibe un producto de calidad inferior.
Sin embargo, hay productores que prefieren invertir tiempo y apegarse a otros métodos que, aunque más lentos, respetan la integridad de la planta y les deja mantener hasta el 95 % de las propiedades de la moringa (excepto la vitamina C, que reduce su cantidad). El secado ideal es a sombra o a calentamiento bajo. Por ejemplo, en una empresa ubicada en Costa Rica que sigue de principio a fin un protocolo de producción puramente orgánico, una vez que las hojas de la planta pasan por el lavado, se llevan a un área techada con ventilación natural donde las cuelgan de cordones o colocan sobre planchas que facilitan el escurrimiento del agua. Este proceso es efectivo pero puede tomar dos o tres días.
Por otro lado, este productor también recurre a hornos, o bien, cuartos de ambiente controlado equipados con aislante térmico y barrera radiante de aluminio en los que las hojas se someten a un proceso de secado durante seis a ocho horas a una temperatura de 42 grados centígrados para reducir la humedad entre un 7 y 10 %. El uso indiscriminado de hornos incorrectos –como los hornos comunes y corrientes del hogar– “quema” la moringa, reduce drásticamente sus beneficios y la deja en un tono café parecido al tabaco.
Una forma de identificar si el secado se cumplió de manera correcta es prestar atención al color de la moringa, que pasa de un verde brillante (propio de la planta fresca) a un verde más oscuro e intenso (no café, amarillo o beige). Debemos tener cuidado pues algunas empresas tienden a la competencia desleal y agregan colorante al producto para hacerlo ver, luego de malas prácticas de secado, más verde de lo que les resultó. Si nota un producto triturado o en polvo con un color verde brillante, sumerja un poco en agua. Si al producto se le añadió colorante teñirá el agua. No deje de lado estas observaciones pues hacen la diferencia en la calidad de moringa que consume.
Una vez secas, las hojas pasan al siguiente proceso, donde se trituran o pulverizan (dependiendo de su presentación). En cualquier caso, las hojas de moringa seca pasan por varias filtraciones que depuran el producto. El envasado o empaquetado dependerá, precisamente, de la presentación. Si se piensa para té, será vaciado en bolsas esterilizadas y, posiblemente, también en cajas –pues debemos, nuevamente, pensar en proteger el producto del sol. Si se prefiere en cápsulas, la moringa en polvo se verterá en cápsulas de origen vegetal o animal, decisión y calidad de proceso que dependerá enteramente del productor y su genuino compromiso con la filosofía orgánica, pues, aunque parezca un detalle pequeño, es más relevante de lo que imaginamos.
Conclusiones
La moringa oleífera es una planta muy antigua y sumamente noble para el ser humano que puede obtener injustamente una mala reputación a causa de un procedimiento de cultivo pobre por parte de los productores que solo buscan su beneficio económico. Es importante que hagamos conciencia de la selección del producto a adquirir. Conocer al productor, los procesos que desempeña y estudiar la apariencia de la moringa son medidas fundamentales para asegurar, más allá de la mejor compra, la mejor moringa para disfrutar de sus beneficios.

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